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Julie Doiron / Okkervil River - Split

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Fuimos muchos los fans de Eric’s Trip, aquella banda que supo darle como pocos el sentimiento a la etiqueta ‘indie’: a través de una óptica sencilla y urgente, y con el lo-fi no ya como bandera sino como necesidad, desplegaron un buen puñado de canciones hermosas y emocionantes. Julie Doiron era la cuota femenina en ese grupo ya desaparecido. Pero esta canadiense no se limitó a dejarse llevar, y tomó con fuerza las riendas de su carrera en solitario. Arropada por el excelente sello Jagjaguwar, ha ido entregando en los últimos años obras de calado íntimo y sensibilidad extrema, como el estupendo “Heart And Crime”, su (por fin) primer trabajo en francés, “Désormais”, o “Julie Doiron And The Wooden Stars”, ganador en la categoría de mejor álbum independiente del Juno, equivalente canadiense al grammy. Se encarga esta chica de apariencia sencilla y tierna de la primera mitad de un split cd que va directo al corazón: ¿cómo no desear ser amado por ella, al escuchar la suavidad con la que desliza ese “tienes los ojos más dulces, cuando ríes” que será lo primero que encontremos al pulsar play? Armada con una guitarra de arpegio tenue y sonido cercano, valiéndose de su voz para contarnos historias que adaptamos como nuestras al minuto, expresándose como si estuviera justo ahí al lado, casi resoplando en nuestro oído. Con el pulso firme de Jason Molina en la pluma, y la misma capacidad de encontrar tesoros en la sencillez que posee Chan Marshall, Julie narra y trenza melodías que, aún agridulces, conservan toneladas de ternura (que no necesariamente inocencia). Con la ya citada “The Sweetest Eyes (When You Laugh)”, el paisaje de “Snowfalls in November”, los celos de “The Songwriter”, el arrepentimiento de “The Wrong Guy” y la dulzura de “Cancel the Party”, certifica un medio álbum bello y sentido.

 

La otra mitad viene firmada por Okkervil River, expresión extraída de una historia de Tatiana Tolstaya, y según cuentan, el nombre de un río de San Peterburgo. La banda, dirigida por Will Robinson Sheff y procedente de un pequeño pueblo de New Hampshire, es todo menos “normal”, mil veces más allá de lo que una primera impresión (otros amantes de Will Oldham, según podría sugerir el primer minuto de “He Passes Number Thirty Three”) deje entrever. Porque Okkervil River, si acaso, se situarían del lado de Clem Snide, o sea, el de los que abrazan la tradición del folk y el country, y la nutren de absurdo, extravagancia, y sana esquizofrenia. Robinson Sheff, que cuenta entre otras ocupaciones la crítica musical en allmusic.com (donde establece ránkings absurdos y artículos sobre canciones que hablen de Superman, o evolución de las barbas en el rock) y la de cine en The Austin Chronicle, definió a su grupo (e incluso a su vida) como un fracaso total. Incluso, un fracaso profesional premeditado. Pero, para quien conociera su maravilloso “Don’t Fall In Love With Everyone You See”, en Jagjaguwar, o el autoeditado primer paso “Stars Too Small To Use”, será normal admitir que este fracaso es más humorístico que otra cosa. Porque este Will, junto a Zachary Thomas, Johnathan Meiburg y la nueva adquisición del ilustrador Mark Pedini, sabe muy bien lo que hace: en concreto, desgranar preciosas baladas epidérmicas y explosivas, contar histo-rias que entremezclan el tópico del sur gótico norteamericano con la literatura rusa de personajes al borde de la histeria moral. “Omie Wise”, “A Leaf” y “Blackest Coat” son las tres canciones que completan su aportación a este split-álbum con Julie Doiron.